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LA PARROQUIA DE BOCAIRENT RESTAURA TRES OBRAS DE PEDRO SALVADOR

La intervención ha tenido un coste de 32.000€ y ha contado con la ayuda económica de la Diputación por valor de 30.000€, mientras que el resto de coste ha sido asumido por la propia parroquia

La iglesia parroquial de Bocairent acogió el jueves la presentación de la restauración de tres cuadros, obra de Pedro Salvador. Los tres lienzos ya restaurados llevan por título: San Roque, Santo Tomás de Villanueva y San Antonio de Padua, y forman parte del Museo Parroquial de Bocairent.

La intervención ha tenido un coste de 32.000€ y ha contado con la ayuda económica de la Diputación por valor de 30.000€, mientras que el resto de coste ha sido asumido por la propia parroquia.

A la presentación asistieron la Subdirectora de CulturArts IVC+R, Gemma Contreras; el alcalde de Bocairent Josep Vicent Ferre; el párroco de la localidad, Benjamin Fayos Olivares, la Jefa de sección de pintura de caballete del IVC+R, Fanny Sarrio y el coordinador de Bellas Artes del IVC+R, José Ignacio Catalán.

El Museo Parroquial de Bocairent atesora obras de gran calidad pictórica, con obras de artistas de gran renombre que fueron contratados para decorar la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción.

Los tres cuadros restaurados, que llevan por título: San Roque, San Antonio de Padua y Santo Tomás de Villanueva, junto a los lienzos titulados San Luis Obispo, San Andrés, San Esteban, la Visitación, Santa Bárbara y San Vicente Mártir forman parte de la serie de lienzos que pintó Pedro Salvador para servir de puertas protectoras para el retablo mayor pintado por Joan de Joanes para la Iglesia parroquial bocairentina. Las pinturas fueron encargadas a mediados del siglo XVII, según se refleja en el documento transcrito y recogido por el Barón de Alcahalí en su obra "Diccionario biográfico de artistas valencianos" y son un excelente testimonio del quehacer pictórico de este casi desconocido artista.

Las obras presentaban un estado de conservación bastante deficiente tras ser utilizadas como puertas del retablo, estas fueron desmembradas pasando las pinturas a decorar la iglesia. En origen todas las pinturas tenían el mismo tamaño, pero algunas perdieron parte de sus dimensiones originales, como sucede con el lienzo de San Antonio de Padua, que presentaba un grave problema de humedad en un lateral que obligó en algún momento a mutilar parte del lienzo. De los tres lienzos restaurados, posiblemente en este es donde mejor se manifiesta la transición estética y plástica de los parámetros idealistas renacentistas al Barroco.